miércoles, 26 de agosto de 2026

Décimas a un miserable granuja

Era un tachero tramposo
de la Feliz, que, en verano,
trataba de meter mano
en todo asunto tortuoso.
En su prontuario frondoso
hay doble venta de un bulo
que, sin ningún disimulo,
ni entregó ni era suyo.


Con contactos y chamuyo
le hizo a la Justicia un rulo.
Es Fernando Cerimedo
el personaje en cuestión,
que buscando una expansión
de su accionar, con denuedo
se lanzó al ancho ruedo,
se inventó una falsa fama
como colaborador de Obama
y, hasta en Harvard, un diploma.


Y esto no es una broma:
aquí comienza la trama.
Se juntó con la basura
que amontonaba Steve Bannon
para imponer el cánon
de confusión e impostura,
provocando la mixtura
de mentira y de verdad.
Desplegó así su ruindad,
con poder y con dinero,
por el continente entero
disfrutando impunidad.

Y así pasó el delincuente
de estafador a servicio,
con los fondos y el auspicio
de gente del presidente
de la potencia en pendiente.
Fundó La Derecha Diario,
y lo usó como corsario
con infamias y chantajes,
rejuntando malevaje
pesado y prostibulario.
Así le hizo la campaña
con la motosierra al loco,
después de estar en el foco
con Bolsonaro y sus mañas.

Estas fueron las hazañas
que hicieron de Cerimedo
hombre influyente y sin miedo,
con oro en la mochila,
una pistola en la axila
y nosotros al spiedo.
Con la pistola montada
manejaba plata narco
y encontraba ancho marco
para entrar en la Rosada,
formar parte en la juntada
con Karina y Caputito
y así armar el delito
del apriete y la cometa.

Cerimedo es un atleta
del país hecho garito.
Con el Freaky presidente
Cerimedo se hizo el plato
y comenzó el arrebato.
Pero eso no fue suficiente
y se lanzó al continente
a influir en las naciones
do pillos, a manotones,
con bastante de fascismo
y mucho liberalismo
quieren robar elecciones.

Así el tachero olvidó
su pasado de miseria.
Los bots fueron la materia
con que a todos engañó
Y así a Bolivia llegó
jugando en ligas mayores
y enredándose en amores.
Y se olvidó hasta la esposa
que fue su socia afanosa
cuando eran estafadores.

Su connubio boliviano
terminó en un embarazo
que a Fernando puso plazo
y puede volverle al llano.
Se le cerró el Altiplano.
Así Fernando, el cobarde,
antes de que fuese tarde,
matarla fue su sentencia.
Esa criminal esencia
no existe quien te la emparde.

Los sicarios contratados
fallaron en su cometido
La mujer, con gran sentido,
habló para todos lados.
Pronto se volvió imputado
el exitoso tachero.
Y así vimos al canchero,
que a los zurdos insultaba,
llorando y echando baba
como si fuese un ternero.

Y de inmediato sus socios,
todos, se abrieron de piernas
olvidando las fraternas
relaciones y negocios.
Un gallego que su ocio
se lo debe al franquismo
reaccionó ante el cataclismo
negando la sociedad
así como la amistad
con el socio en el abismo.

Temblaron muchos gobiernos,
el nuestro y muchos más,
sobre todo el de Paz
que se enfrento al infierno
de mostrar todos los pernos
de un triunfo muy dudoso.
Disminuyeron mañosos
los likes en todas las redes
dejando a vista de ustedes
el engaño malicioso.

La historia de este truhán
explica y es ejemplar
del tipo de muladar
que, con fuerza de huracán,
se ha vuelto nuestro sampán.
Ellos pretenden vendernos,
darnos o desaparecernos.
Tendremos que rebelarnos
vencerlos, exterminarlos.
Que se hundan en el infierno.

26 de agosto de 2026.



jueves, 20 de agosto de 2026

Un jerez español, mi peluquero y Miguel Ángel Solá

Ayer, a eso de las seis y media de la tarde, fui a ver a Alejandro, mi maravilloso peluquero. Toqué el portero, me anuncié como de la división de Delitos Mayores de la Policía Federal, me abrió y subí. Porque ustedes saben que uno dice voy a cortarme el pelo a lo de Alejandro pero no sabe las cosas que pueden pasar en ese mágico lugar de Corrientes y Rodríguez Peña.

Al entrar a su departamento veo que está atendiendo a un caballero cuyo rostro me resulta conocido, me hace acordar a alguien.
Saludo a Alejandro, al cliente envuelto en la florida tela que usa Alejandro para cortar y a una joven muchacha que lo acompañaba. Y ahí caigo en la cuenta de quien era esa cara conocida. Ni más ni menos que Miguel Ángel Solá, el gran actor argentino radicado desde hace años en Madrid.

Al sentarme en uno de los sillones del living de Alejandro, dejo escapar involuntariamente un suspiro y de inmediato oigo a Alejandro que dice a viva voz:

-- Estás necesitando un vino--. Interrumpe su trabajo y viene hacia mí con una botella. --Mirá lo que tengo--, y me entrega una hermosa botella sin abrir. Miro la etiqueta y veo que se trata de un exquisito jerez español, de esos que en Madrid te lo tomás más o menos a las seis y media de la tarde. Abro la botella, sirvo unos vasos y convido a los presentes.

Brindamos y comenzó, entonces, la verdadera visita a mi peluquero.

Con Miguel Ángel conversamos de la situación política que a él le resultaba incomprensible. Llegó a Buenos Aires hace unos meses y le resulta casi imposible de entender cómo se ha llegado a este mamarracho. Charlamos, me escuchaba atentamente, traté de relatarle mis hipótesis sobre habíamos desembocado en casi toda América Latina a una situación así. Se lo veía sinceramente preocupado.

Entonces es mi turno y paso al sillón del peluquero envuelto en mi delgada manta floreada y Alejandro comienza a contar una serie de historias desopilantes. Resulta que además de su profesión, se dedica a comprar departamentos en la zona, arreglarlos y venderlos. Esto lo ha puesto en contacto con varios consorcios, administradores de consorcios y abogados ventajeros de los administradores consorcios.
Durante una hora contó sus peleas con administraciones fraudulentas, con plomeros, gasistas y electricistas ventajeros y cómo fue doblandole el brazo a cada uno hasta imponer una especie de ética de la administración de consorcios que le ha ahorrado miles y miles de pesos a propietarios, en general entrados en años y que eran incapaces de enfrentar los desmanejos a los que estaban sometidos.

En suma, conocí al genio Miguel Ángel Sola, a su compañera Fátima y el otro aspecto comercial e implacable de Alejandro. Escanciamos un par de copas del ríquísimo jerez y me volví con una maravilloso corte de pelo, tal como ocurre cada vez que lo visito.

Alejandro es un genio.

Buenos Aires, 20 de agosto de 2026.