viernes, 16 de enero de 2026

El mercenario de la Wagner

Hoy al mediodía tuve que hacer una diligencia en una oficina de la ahora llamada ARCA, ex AFIP y antiguamente DGI. Existía la posibilidad de hacerla virtualmente, con el teléfono. Pero ARCA, AFIP y/o DGI han tenido, tienen y tendrán la más pedorra de todas las aplicaciones e interfaces posibles. Ocho veces intenté sacarme una foto, según me lo pedía la aplicación y ocho veces un infame cartelito me informaba que no había sido posible. Por lo tanto, decidí pedir un turno que me salió para este mediodía.

La oficina se encuentra en la vecindad de la esquina de Castro Barros e Independencia, de modo que consulté en Google Maps que ómnibus me dejaba mejor. Me dio dos alternativas interesantes: caminar por avenida La Plata dos o tres cuadras y tomar el 56 o, en su defecto el 96. Hacia allí me dirigí y busqué la parada del 56. Ese número no aparecía por ningún lado. Había un muchachito parado en la puerta de una casa de departamentos y le pregunté por esa parada.

-- No, me dijo. – El 56 no pasa más, después de aquel paro de transporte, ¿te acordas?, el 56 cortó el servicio.

-- Claro, le respondo, y el Google Maps no está enterado.

Se ríe y me dirijo a la siguiente alternativa. Busco la parada del 96, sobre la calle Formosa, casi avenida La Plata. El sol caía a plomo, aunque el calor no era abrumador. Me refugio bajo la sombra de un árbol y espero. Pasan los minutos y no hay el menor vestigio del 96. Miro la hora y veo que, pese a haber salido con tiempo, solo faltan veinte minutos para la hora del turno. En una ferretería, pregunto al señor que está detrás del mostrador si sabe algo del 96.

-- Uh, ese pasa cada 45 minutos.

-- Caramba, ¿y qué otra cosa me puede dejar en Castro Barros, además de mis piernas?, le pregunto.

-- ¿En Castro Barros? Son cinco cuadras...

-- Tiene ud. razón, son cinco cuadras. Iré caminando.

Y emprendo la marcha de las cinco cuadras que, por supuesto, no eran cinco, sino siete, pero que las caminé a paso firme.

Las oficinas de ARCA son una de las cosas más desangeladas del mundo, posiblemente solo superadas por una comisaría o la guardia de un hospital. Pero mi trámite fue breve y el aire acondicionado era muy bueno.

Emprendo el retorno por Independencia hasta llegar a avenida La Plata y de ahí, encaro, por la vereda de la sombra, el camino hacia Rivadavia.

Después de una cuadra me sobrepasa un señor corpulento, de unos 48 años, con un cuerpo que alguna vez fue musculoso y trabajado, pero que las empanadas, los asados, el fernet con cola y el malbec han echado a perder. Cuando ya está ubicado delante mío veo que tiene puesta una remera negra con esta inscripción:


Como se sabe, el hoy famoso Grupo Wagner es un ejército de mercenarios, creado por Yevgueni Prigozhin, antiguo chef del presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, y que participó, aunque secundariamente, en la Guerra de Ucrania. En el 2023, la Wagner se levanta en armas y acusa al Ministerio de Defensa ruso de bombardear soldados del Grupo. Todo esto me vino a la cabeza al ver la siniestra insigna. Recuerdo también que un par de altos mandos de la organización murieron en misteriosos accidentes automovilísticos, después de la rebelión.

Acelero el paso y alcanzo al hombre. Cuando lo tengo a mi lado le digo:

-- ¿Vos sos del Grupo Wagner?

Me mira sorprendido.

-- ¿Sos del Wagner?, le repito.

-- Me encantaría, me dice en un murmullo de voz carrasposa.

-- ¿Cómo?

-- Me encantaría, me repite.

-- Pero estás medio pasado de peso, le digo con una amplia sonrisa tendiente a aplacar cualquier extemporaneidad.

Y apuro el paso para alejarme del mercenario frustrado.

16 de enero de 2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario