lunes, 18 de junio de 2018

El inglés y la princesa nubia


De nuevo en Paris.
Después de una semana en el mundo campesino suizo, con sus vacas, sus pasturas naturales, sus quesos y su Unión de Bancos Suizos en la Place de Saint Francis en Lausanne, o sea la oficina de los usureros mundiales en la plaza bautizada en memoria del Poveretto -pobre Bergoglio, tiene una lucha más dura que la nuestra-, estamos en Paris.
Nuestro amigo parisino, David, un saxofonista que habla perfectamente portugués de Bahia y español de La Boca, nos ha llevado a una fiesta de cumpleaños en un boliche ubicado en un hermoso parque cuya entrada lleva el nombre de Avenue Jacques de Liniers.
Empezamos bien. El franchute realista que se enfrentó a los ingleses tiene un homenaje en Paris. No me lo había esperado. Pobre Santiago. Al final lo fusilamos por realista, pero su defensa de Buenos Aires le ha reservado un lugar en la historia de la Patria.
Pero esta disgresión histórica es secundaria. Llegamos David, Fran y yo al boliche al aire libre en una hermosa noche veraniega. Saludamos a Peggy, la cumpleañera y nos dedicamos a escanciar lo que la casa tenía para ofrecernos.
Imaginen un boliche en el medio de un bosque de Cariló, una barra al aire libre y dos más en el interior de una antigua construcción convertida en pista de baile, con un DJ africano y ciento de hombres y mujeres jóvenes hablando en muy diversos idiomas como si se tratara de una reunión de personal en las Naciones Unidas. Fran y David se sientan a la mesa de la cumpleañera y yo arrimo mis posaderas al borde de un cantero de ladrillos.
Y, como suele ocurrir los viernes a la noche en lugares así, comienzan a suceder cosas. Aunque estoy cercano a Francilene, no se hace evidente que estoy con ella. Pasa una rubia francesa, me mira fijamente y le devuelvo la mirada a sus ojos. Tensión, hasta que por fin sonríe. Sonríó.
David ha estado mirando la escena y comienza a aplaudir, mientras en portugués le comenta a Francilene lo que ha sucedido. Fran, muerta de risa, comienza a hacerme bromas y le informa a su amigo David que yo me creo la reencarnación de Vinicius de Moraes, razón por la cual me llama “o embaixador”.
(Mientras estoy escribiendo esto, Felisa Micheli me informa por Whatsapp: “Recesión más profunda e inflación en alza. Ambos ya incorporados en el acuerdo con el FMI”. Me acuerdo del Titanic.)
De pronto veo, a unos pasos, una silla vacía. Me acerco para llevarla a nuestra mesa. La tomo y aparece una princesa nubia: alta, con una melena que le cae en finas trenzas terminadas en bolitas de acero, todo alrededor de la cabeza y el corto flequillo de la frente, rasgos finos, vestida de negro con un gran escote, elegante como una modelo del Vogue. Me habla en francés, mirandome a los ojos y me explica que esa silla la quería para sentarse frente a su amigo. Miro al amigo. Un joven inglés, muy elegante y a la última moda, con pantalones chupines y un saco corto y ajustado, quien, también muy gentilmente me explica en su idioma que pensaba sentarse con su amiga y si no tenía problemas en dejarle la silla.
  • Por favor, digo ya no sé en que idioma, posiblemente en rosarigasino. No podría hacer otra cosa. Je suis un chevalier, creo haber dicho o pensado.
El joven ingles sigue pidiendo disculpas y me pregunta:
  • Are you angry?
  • Angry for this?, respondo. Angry estoy por las Islas Malvinas, por el General Belgrano. Por esto no estoy angry, estoy envidioso, pero puedo controlarlo.
Le digo, mientras vuelvo a mirar a la princesa nubia que ha arrimado la bendita silla a la del inglés colonialista.
Vuelvo, sin silla, pero con una sonrisa de satisfacción adonde están Fran y David, riéndose como cosacos ebrios.
  • Le salvé la noche al inglés, les digo como resumen de mi aventura.
París, 16 – 18 de junio de 2018.

lunes, 11 de junio de 2018

Lenin, Suiza, un “chalet” en la montaña y un vino del Rin





Después del congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, del año 1903, llevado a cabo en una iglesia de Londres -y en el cual se crearon las dos grandes fracciones conocidas por la historia como bolcheviques y mencheviques-, el abogado ruso Vladimir Ulianov, conocido por sus seguidores como Lenin, un “nom de guerre” derivado del río Lena que atraviesa San Petersburgo, encaminó sus pasos, en compañía de Esperanza, su mujer, a Suiza. Las arduas y enojosas discusiones del congreso, cuya preparación había llevado más de un año, lo habían agotado y decidió tomarse un descanso en Suiza, en la región cercana a Ginebra.
Recordaba esto cuando en la tarde de hoy nuestro generoso amigo Bruno, un geógrafo con una larga experiencia de trabajo social en América Latina, nos llevó a conocer su “chalet” en lo alto de una de las montañas que rodean el hermoso valle de Charmey.
Comenzamos a ascender en su auto mientras nos alejábamos algo de la aldea de Charmey. La conversación giró alrededor de la “edad de oro del queso”, cuando la región de Gruyere se convirtió en la principal exportadora de quesos del mundo. Era el siglo XVII y los campesinos de las laderas de los Alpes franco-suizos, con sus vacas friburguesas, fueron descubiertos por las cortes de toda Europa por el sabor y la calidad de sus quesos. La región había encontrado una “comodity” que enriqueció a esos campesinos y a sus afamadas queserías. Los pastos de las laderas alpinas daban a sus productos un sabor irremplazable. De todo eso veníamos conversando cómodamente instalados en su auto, cuando nos avisó que aquí terminaba el camino y que a partir de ese momento deberíamos seguir caminando, dando la vuelta de todo un cerro, hasta llegar a su chalet.
Era como si estuviéramos en medio de la filmación de Heidi o de La Novicia Rebelde, pero sin actores ni equipo de filmación. Altos pastizales, florcitas silvestres, onduladas laderas de verdes cerros que tendríamos que subir a pie, chapoteando un poco sobre un suelo que rezumaba agua, ya que me olvidé de mencionar que aquí, en verano, llueve casi todos los días. Ok, pensé, si Lenin lo había hecho, ¿por qué no intentarlo? Al fin y al cabo no era de las cosas más difíciles que Lenin había hecho.
Y allá no dirigimos. Subimos y subimos durante unos quince minutos, hasta llegar a un bosque de coníferas, umbrío y húmedo. Los rayos del sol se filtraban por entre las altas copas de los árboles y el estrecho sendero a veces casi desaparecía al borde de una profunda quebrada boscosa. Por un momento, recordé nuestras infantiles aventuras en el Parque Independencia de Tandil. Ese bosque alpino tenía un cierto olor a aquellas módicas ascenciones, pero como con una producción multimillonaria, pensaba, mientras intentaba con dificultad recuperar el aliento.

Por fin salimos del bosque y desde allí pudimos ver, a unos cien metros, el “chalet”. Una construcción en piedra y madera, con techo a dos aguas, construido con pequeñas piezas de madera que, a modo de escamas, permiten que se escurran las frecuentes lluvias, había sido anteriormente establo de vacas. En esta región, la Gruyere, el centro mundial del queso, se practica aún el secular sistema de pastura, por la cual, durante el invierno los animales viven en establos alimentados a forraje, hecho con las pasturas del lugar, y en verano el rebaño de vacas emigra hacia la altura - “l'alpage” se llama la operación- a comer los pastos frescos, mientras los pastos de abajo son cortados y guardados para ser usados en el invierno. Todo ese sistema se denomina la “poya”, igual que el cuadro que adorna cada frente de un chalet de la región, ilustrando el ascenso de las vacas hacia la altura. Cosas que me contó mi amigo Bruno, que también es un defensor de todas estas costumbres tradicionales.
El campesino, hace unos años, decidió desprenderse de ese establo y, previa desafectación como propiedad agraria, se lo vendió a mi amigo. Lo de la desafectación también vale la pena de contar. En esta región de Gruyere, en el Cantón de Friburgo, la propiedad inmobiliaria agraria no puede cambiar de finalidad. Es decir, no se pueden vender casas y tierras dedicadas a la agricultura y a la ganadería lechera para hacer casas de fin de semana o, ni siquiera, para residencia. Además de evitar la especulación sobre la tierra, la legislación tiene como finalidad mantener la producción agraria, evitar tanto el abandono de las actividades campesinas tradicionales, como la sobreexplotación turística. Es decir, todo bien con el paisaje, pero, como solía decir Spilimbergo, primero los dientes, después los parientes.
Por lo tanto, si alguien quiere vender algún pedazo de su propiedad, debe justificar que no le resulta economicamente útil su conservación y, luego, desafectarla como propiedad agraria, para poder ser utilizada simplemente como residencia, sin finalidad económica.
Llegamos por fin al “chalet”, el paraíso que Bruno se ha prometido cuando se jubile. Sus paredes de roca tienen unos cuarenta centímetros de espesor, recibe electricidad de una placa solar y es muy amplio, con una cocina económica a leña, otra estufa también a leña y amplios espacios que aún no ha logrado terminar de arreglar, pero que convertirán al “chalet” en una magnífica vivienda de unos doscientos metros cubiertos y con una vista sobre todo el valle de Charmey que corta el aliento.
Por primera vez en mi vida tuve el placer de cocinar en una cocina a leña. Un risotto con hongos fue el menú que habíamos previamente elegido, que acompañamos con un vino rosado del Rin que Bruno guardaba en la sombra y el fresco de la casa.
Bien, hasta aquí, la historia que comenzó con un recuerdo de Lenin paseando con Nadezhda por las cercanías de Ginebra y terminó escanciando un espumante fresco y burbujeante a más de mil metros de altura, mientras la lluvia cubría toda la región.
Como ven, Suiza no es tan solo el lugar de las cuentas secretas. Es también el lugar de mis cuentos públicos.
Charmey, 11 de junio de 2018

martes, 8 de mayo de 2018

Umbuzeiro de Lula





El actor y escritor brasileño-polaco Ulisses Iarochinski, de Curitiba, tradujo e interpretó mi poema El Ombú de Lula.

Muchas gracias Ulisses por este vídeo.

lunes, 7 de mayo de 2018

Soneto al estido de La Rosa de Quevedo dedicado a un presidente en apuros



Ayer ganaste y perderás mañana.
En tan breve tiempo ¿ya habrás huido?
¿Para gobernar tan poco estás perdido
y para hacerlo tan mal estás lozano?
Si te engañó su inteligencia en vano,
bien presto lo has visto deslucido,
porque en tu impericia está escondido
posible y pálido final temprano.
Cuando te arranque la robusta mano
de un torrente harto y exprimido
grosero aliento acabará tu suerte.
Mejor vete, sigue con tu desgano,
dilata tu descanso repetido
que anticipa tu ser para tu muerte.
Buenos, Aires, 7 de mayo de 2018.



viernes, 13 de abril de 2018

Ovillejo antimistrista



Tu lengua es fuego que escalda,
Esmeralda,
Tu boca escupe salitre,
Mitre,
Tu seso, inútil denuedo,
Alvarez de Toledo.

La estupidez fue un torpedo
que se estroló en tu sesera
y la convirtió en flanera,
Esmeralda Mitre Alvarez de Toledo.
Buenos Aires, 13 de abril de 2018

jueves, 5 de abril de 2018

El Ombú de Lula

Cuando las circunstancias no están garantizadas, lo mejor es esperar, resistir, transformar el tiempo en aliado. Jamás descender del ombú antes de hora.
Getulio Vargas

Fueron siglos de luchas y pasiones
que no olvidarán los hijos de nuestros
hijos ni los hijos que de ellos vengan.
Espectros nobles y heroico de Ganga Zumba y el gran Zumbi,
de María Quiteria de Jesús disfrazada de soldado Medeiros.
de Antonio, el consejero de Canudos
enfrentados en lucha eterna con los espectros despreciables
del sangriento bandeirante,
del miserable mercader de yorubás y congos,
del fiero violador nocturno en la zenzala.
Fantasmas abismales de empolvados doctores masónicos,
de violentos coroneles fazendeiros
que, con Comte en una mano y el látigo en la otra,
pretendieron con soberbia de terratenientes
construir A Civilização Brasileira,
ese imperio y esa república europea
en el medio de un continente de tucanes, pelícanos, orquídeas,
magnolias gigantescas, arañas como puños, prodigiosas anacondas,
un reino donde la sangre blanca de la hevea brasiliensis
extraída a tajo de machete le puso ruedas a Henry Ford,
y el amargo grano que crece bajo el sol de Capricornio
le puso desayuno al breakfast de huevo y tocino de Arkansas y New Jersey.
Todos ellos se han despertado esta noche
porque saben que esa lucha, que empezaron hace quinientos años,
vuelve a repetirse con la pertinacia de una neurosis,
con el ritmo preciso de una obsesión,
con la obstinada insistencia de las nuevas quilombolas,
de los iluminados en los que han vuelto a manifestarse
los dioses del Olimpo africano,
los viejos orixás que hoy habitan tus ciudades gigantescas
con la misma presencia con que en Benin, en Angola, en la tierra de Oxum
signaban la vida de esos hombres y mujeres que lograron
soportar las cadenas, el látigo, la sentina y el olor a carne humana dolorida.
La tierra de los bandeirantes vuelve a ser el centro de la tierra.
Intentarán engayolar a Lula
enlularán la gayola,
para que la historia vuelva a repetirse.
El sereno ganadero gaúcho, el del tiro en el corazón
y la carta que abrió un tajo en la conciencia,
lo dijo cuando venían a buscarlo.
Tenía, es cierto, una estancia y una aldea que era su fortaleza.
Este pernambucano del carajo no tiene una aldea,
tiene una clase, cuatrocientos años de injusticia
y una pelea ganada contra el hambre de millones,
contra ese mapa que dibujo Josué de Castro, su compatriota.
Que no se baje del ombú antes de tiempo,
que el tiempo sea su aliado
junto con los brazos, el corazón y el cerebro de sus millones de amigos.
Ese pueblo que ha aguantado quinientos años
rezando a sus dioses, creyendo en sus santos, llenando de música
al mundo entero
sabe que las injusticias
siempre,
siempre,
siempre
se pagan.

Buenos Aires, 5 de abril de 2018