Publico aquí algunos textos a medio camino entre el intento de permanencia de la literatura y la realizada fugacidad del periodismo.
martes, 8 de mayo de 2018
Umbuzeiro de Lula
El actor y escritor brasileño-polaco Ulisses Iarochinski, de Curitiba, tradujo e interpretó mi poema El Ombú de Lula.
Muchas gracias Ulisses por este vídeo.
lunes, 7 de mayo de 2018
Soneto al estido de La Rosa de Quevedo dedicado a un presidente en apuros
Ayer
ganaste y perderás mañana.
En
tan breve tiempo ¿ya habrás huido?
¿Para
gobernar tan poco estás perdido
y
para hacerlo tan mal estás lozano?
Si
te engañó su inteligencia en vano,
bien
presto lo has visto deslucido,
porque
en tu impericia está escondido
posible
y pálido final temprano.
Cuando
te arranque la robusta mano
de
un torrente harto y exprimido
grosero
aliento acabará tu suerte.
Mejor
vete, sigue con tu desgano,
dilata
tu descanso repetido
que
anticipa tu ser para tu muerte.
Buenos,
Aires, 7 de mayo de 2018.
viernes, 13 de abril de 2018
Ovillejo antimistrista
Tu
lengua es fuego que escalda,
Esmeralda,
Tu
boca escupe salitre,
Mitre,
Tu
seso, inútil denuedo,
Alvarez
de Toledo.
La
estupidez fue un torpedo
que
se estroló en tu sesera
y
la convirtió en flanera,
Esmeralda
Mitre Alvarez de Toledo.
Buenos
Aires, 13 de abril de 2018
jueves, 5 de abril de 2018
El Ombú de Lula
Cuando
las circunstancias no están garantizadas, lo mejor es esperar,
resistir, transformar el tiempo en aliado. Jamás descender del ombú
antes de hora.
Getulio Vargas
Getulio Vargas
Fueron
siglos de luchas y pasiones
que
no olvidarán los hijos de nuestros
hijos
ni los hijos que de ellos vengan.
Espectros
nobles y heroico de Ganga Zumba y el gran Zumbi,
de
María Quiteria de Jesús disfrazada de soldado Medeiros.
de
Antonio, el consejero de Canudos
enfrentados
en lucha eterna con los espectros despreciables
del
sangriento bandeirante,
del
miserable mercader de yorubás y congos,
del
fiero violador nocturno en la zenzala.
Fantasmas
abismales de empolvados doctores masónicos,
de
violentos coroneles fazendeiros
que,
con Comte en una mano y el látigo en la otra,
pretendieron
con soberbia de terratenientes
construir
A
Civilização Brasileira,
ese
imperio y esa república europea
en
el medio de un continente de tucanes, pelícanos, orquídeas,
magnolias
gigantescas, arañas como puños, prodigiosas anacondas,
un
reino donde la sangre blanca de la hevea
brasiliensis
extraída
a tajo de machete le puso ruedas a Henry Ford,
y
el amargo grano que crece bajo el sol de Capricornio
le
puso desayuno al breakfast de huevo y tocino de Arkansas y New Jersey.
Todos
ellos se han despertado esta noche
porque
saben que esa lucha, que empezaron hace quinientos años,
vuelve
a repetirse con la pertinacia de una neurosis,
con
el ritmo preciso de una obsesión,
con
la obstinada insistencia de las nuevas quilombolas,
de
los iluminados en los que han vuelto a manifestarse
los
dioses del Olimpo africano,
los
viejos orixás que hoy habitan tus ciudades gigantescas
con
la misma presencia con que en Benin, en Angola, en la tierra de Oxum
signaban
la vida de esos hombres y mujeres que lograron
soportar
las cadenas, el látigo, la sentina y el olor a carne humana
dolorida.
La
tierra de los bandeirantes vuelve a ser el centro de la tierra.
Intentarán
engayolar a Lula
enlularán
la gayola,
para
que la historia vuelva a repetirse.
El
sereno ganadero gaúcho, el del tiro en el corazón
y
la carta que abrió un tajo en la conciencia,
lo
dijo cuando venían a buscarlo.
Tenía,
es cierto, una estancia y una aldea que era su fortaleza.
Este
pernambucano del carajo no tiene una aldea,
tiene
una clase, cuatrocientos años de injusticia
y
una pelea ganada contra el hambre de millones,
contra
ese mapa que dibujo Josué de Castro, su compatriota.
Que
no se baje del ombú antes de tiempo,
que
el tiempo sea su aliado
junto
con los brazos, el corazón y el cerebro de sus millones de amigos.
Ese
pueblo que ha aguantado quinientos años
rezando
a sus dioses, creyendo en sus santos, llenando de música
al
mundo entero
sabe
que las injusticias
siempre,
siempre,
siempre
se
pagan.
Buenos
Aires, 5 de abril de 2018
miércoles, 28 de marzo de 2018
1 + 1 = Santiago Cúneo
Ayer estuve en el
programa de Cúneo. Pese a que no pude hablar, fue toda una
experiencia.
El programa y el
propio Cúneo tienen un carácter bastante abigarrado. En primer
lugar, Cúneo habla permanentemente y sin parar. Los invitados son
casi una ilustración a su propio discurso, que se puede definir como
opositor, nacionalista, antibritánico y provocativo al presidente de
la República y a Clarín. Hay una especie de mesa de panelistas, son
como siete personas, que actúan como ratificadores de las opiniones
de Cúneo, ofreciendo, a pedido de éste, algún comentario irónico,
gracioso o ingenioso que consolida el punto de vista de Cúneo. A
esta mesa se le agrega una muchacha, fuertemente maquillada, que hace
comentarios no se sabe bien a propósito de qué.
El estudio está
lleno de gente, dispuesta también de manera bastante curiosa. Ayer
se sumaron a los siete panelistas, unos siete u ocho invitados, entre
los que estábamos Daniela y yo, de los cuales hablaron sólo tres o
cuatro, una senadora nacional, un diputado nacional y una delegación
de unos veinticinco policías en protesta. Si a eso se le suma una
actriz cómica que tiene una intervención de unos cinco miniutos en
el medio del programa y no nos olvidamos del permanente stand up de
Cúneo, el resultado es la hegemonía completa del discurso del
conductor del programa.
A este nutrido
elenco de rarezas circenses me olvidé de agregar la presencia de una
delegación de norcoreanos campeones de Tae Kwon Do, con un
“intérprete” que hablaba un castellano inexpugnable. Eran como
ocho tipos, también y entre ellos un negro que nunca supimos de que
parte de Corea era.
Este Cúneo, como
se sabe es un ex agente de inteligencia del ejército, vinculado a
los carapintadas. De origen radical, fue el encargado de tomar la
sede de la UCR durante el levantamiento carapintada durante el
alfonsinismo. Después transitó por distintas formaciones políticas:
fue candidato de de Narvaez, anduvo cerca del massismo, recaló en el
PRO y terminó como el actual agitador periodístico que se
entrevista con Lula, visita la Venezuela de Maduro, es un declarado
antimacrista, defiende al kirchnerismo y, sobre todo, un malvinero
que plantea la necesidad de tener Fuerzas Armada.
Sobrevuela en todo
esto el espíritu Crónica y Placas Rojas que caracteriza al Canal
creado por Hector Ricardo García. Tienen una gran precisión y
velocidad en poner zócalos a lo que dice el conductor y los
invitados, siempre con un estilo entre provocativo, cómico e
impactante. Ayer, mientras hablaba uno de los policías en conflicto,
un tipo joven, muy buen mozo, pusieron en el zócalo: Alto policía.
Bueno, este fue el
programa al que he vuelto a ser invitado para el día de hoy y
veremos si el conductor me permite interrumpir brevemente su
continuum discursivo.
Buenos Aires, 28
de marzo de 2018.
domingo, 25 de marzo de 2018
Ha muerto el skald de los peronistas
Ha muerto Alfredo
Carlino. La noticia me llega como una trompada, una trompada esperada
y para la que uno tensó los abdominales. Pero la trompada me dobla
igual, me quita el resuello.
Ha muerto Alfredo
Carlino. Busco a Alfredo Gobbi, el Violín Sentimental del Tango, un
nombre, una orquesta y una época a la que Carlino estaba
irremediablemente atado. Y escuchando Racing Club me pongo a pensar
en Carlino, en el petizo Carlino, en el duende de la noche peronista,
en ese gnomo encantado de pueblo argentino, de Perón, de Evita, de
17 de Octubre, de Gatica, de los mitos de la Resistencia, de los
caños, del Retorno.
-¡Pero, querido!,
me vuelve a sonar en el oído mudo de la memoria la voz carraspienta
de Alfredo, con su disnea y su inolvidable, excepcional, única,
imbatible e insuperable energía de vivir, de pelear, de discutir, de
imponerse sobre el olvido gorila, sobre los fusilamientos, sobre los
crímenes de la oligarquía. ¡Querido!, me vuelve a gritar en el
oído mudo, son todos gorilas, eso es lo que pasa, ¡querido!
Alfredo fue lo más
parecido a un antiguo skald vikingo que pudo haber dado
nuestra epopeya argentina. Cantaba con voz gruesa y metáforas
transparentes a las sagas populares, a los héroes anónimos de la
mersa, a las victorias de su tribu y lloraba por las derrotas, por
los muertos en combate, por la desmemoria y el silencio.
El viejo boxeador,
el vendedor de libros de psicología, el enamorado de todas las
psicólogas -lacanianas o no- de Buenos Aires, fue uno de los últimos
argentinos vivos que podía dar testimonio personal de esa tarde
única, con el solcito de octubre, en la Plaza de Mayo.
-¡Yo estuve en la
Plaza, querido!, decía Alfredo y setenta años de historia pasaban
por su relato alborotado, a pura fuerza de un corazon que empujó
torrentes de sangre, cataratas de alegría, agitadas tropillas de
palabras exaltadas, apasionadas, calientes y turbias, como las
multitudes que habitaban su memoria.
-¡Yo lo conocí,
querido!, decía Alfredo cuando surgía el nombre de algún viejo
peronista, de algún antiguo dirigente gremial, para elogiarlo o para
putearlo. Y de nuevo aparecían los años de la lucha resistente, de
la proscripción, de fugaces reuniones en olvidados cafés, de
encuentros murmurados, sin nombres propios, en sindicatos o en casas
de familia convertidas en unidad básica.
Alfredo Carlino
fue nuestro poeta, lo quisimos y lo admiramos como nuestro poeta, el
hombre destinado por los dioses a contar la saga de nuestra
realización como pueblo y como nación. Ocupaba con honor y dignidad
ese lugar y sabía que su tarea era para que nada de esto, nada de
nuestra epopeya cayese en el olvido.
La
ceguera social de Jorge Luis Borges le impidió conocer al gran skald
del siglo XX que gestó nuestra ciudad de Buenos Aires, tan ajena, a
veces. Este enorme hijo de Buenos Aires, este porteño empedernido,
heredero directo de José Hernández, llenó con su palabra, con su
irresistible empuje, con su humanidad desbordante, los momentos de
gloria y de dolor de la militancia peronista. Su poesía será para
siempre el testimonio de varias generaciones argentinas que dedicaron
su vida, su inteligencia y su voluntad a la construcción de un país
independiente, justo y soberano. Y se las aguantó hasta el día
siguiente de que todos saliéramos a la calle a gritarle a estos
cajetillas que este pueblo no se olvida de quienes son y lo que
hicieron.
Nuestro
bardo se ha ido. Todos los atorrantes, todos los trasnochados y todos
los madrugadores, todos los insomnes, las putas y las fabriqueras,
las muchachas del servicio doméstico, los obreros de la UOM y de la
curtiembre, los cartoneros y recicladores, los monotributistas a la
fuerza y los pibes que la pucherean como pueden, todos nosotros, en
suma, vamos a brindar por vos Alfredo, esta noche.
Que
la tristeza no empañe el honor y la alegría de haberte tenido con
nosotros, de haber oído tu voz inolvidable, y repetir como si
estuvieras delante y haciéndote un poco de burla:
-¡Querido!
Buenos
Aires, 25 de marzo de 2018
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