miércoles, 2 de septiembre de 2009

Los Robertos aparecieron en San Telmo

El lunes fue una gran cena la de la Oesterheld. El Torcuato Tasso, centro tanguero de San Telmo, rebalsó con más de 250 amigos y amigas que vinieron a saludar y a escuchar a Gabriel Mariotto, el interventor del Comité Federal de Radiodifusión y autor del proyecto de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, que Cristina presentó al Congreso el jueves pasado. La ley pondrá fin a la vigencia de una ley de radiodifusión dictada por Videla y Martínez de Hoz y, sobre todo, al monopolio que Clarín ejerce sobre los medios audiovisuales. Su texto propone que el espectro mediático sea repartido en tres partes iguales entre el Estado, el sector empresarial y las organizaciones sin fines de lucro. La multiplicación de las frecuencias, como resultado del desarrollo técnico, no significará entonces una nueva y más totalitaria monopolización empresaria.

Pero todo esto no es más que un introito, aburridamente politizado, a lo que en realidad importa.

Esas cenas se caracterizan por el hecho de que se come muy poco y se toma mucho. La condición del módico precio que se obtiene no es la cantidad, y mucho menos la calidad, de la comida sino una continua provisión de Vasco Viejo en todas las mesas hasta que se acabe la reunión. De manera que después de gritar, discutir, echar vainas, piropear a las muchachas y dar millones de besos y abrazos, a eso de las dos de la mañana me fui con Vivi, una buena chica, a tomar una última botellita de malbec en algún bodegón de San Telmo.

Encontramos abierto el Seddon, un amplio pub irlandés, atendido por una Molly argentina, amiga desde hace muchísimos años. El lugar tiene una gigantesca pantalla de televisión en la que, al momento de sentarnos a la mesa, estaba cantando Silvio Rodríguez.

Brindamos Vivi y yo por los fantasmas de los ingleses muertos en la zona cuando la invasión de 1806 y de pronto escuchamos que Silvio está cantando Te recuerdo Amanda. Curiosamente esa es la canción que cantaba el entonces marido de Molly, un sueco llamado Rolf Hansson, en la película Mirta de Liniers a Estambul, que tiene Roberto Hernández Montoya y que tendrá que devolverme cuando yo le devuelva la Ferrari. Miro hacia la pantalla y veo que Silvio está dando un recital en Caracas, con una maravillosa profusión de banderas mirandinas.

Y de pronto, amigos, en el medio de la noche porteña, aparece Roberto Hernández Montoya, diciendo, como de costumbre sus consabidas intrascendencias. Ahí estaba uno de los Robertos, mientras los pocos parroquianos que quedaban en el lugar no entendían mis gritos y mi alborozo.

Pero inmediatamente, detrás de este Roberto aparece el otro Roberto, el holandés errante, pronunciando sus habituales verdades y sus profundas observaciones.

También recuerdo que había un argentino que gritaba: "Ahí están mis panas, ahí están mis panas". Recuerdo también que Vivi sacó unas fotos y que Molly llamó a un patrullero.

Después no recuerdo más nada.

Pero las fotos quedaron como testimonio de la noche en que se aparecieron los Robertos en San Telmo.



Buenos Aires, 2 de setiembre de 2009

lunes, 17 de agosto de 2009

Tete me contó que lloró por Pina Bausch



Cuando hace unas semanas apareció la noticia sobre el fallecimiento de Pina Bausch, la genial coreógrafa alemana que puso su marca a la danza de fines del siglo XX, con su mezcla de virtuosismo corporal, expresionismo alemán y aliento universal, lo primero que pensé fue en el Tete.


En otro lugar he hablado de este bailarín porteño, de sus prodigiosos valses y de su eterna juventud. Además de ello es, posiblemente, el mejor maestro de tango, el único, o uno de los pocos, que enseña a bailar, a escuchar la música, a mover el cuerpo de acuerdo a ello. Es de los pocos, en suma, que considera que el tango es como todas las otras danzas populares, algo donde la música manda. No hay pasos extraños en sus lecciones, nadie sale sabiendo hacer un gancho o un sandwichito. Pero todos, sin excepción, aprenden a caminar al ritmo que manda la orquesta. Ninguno sabe nada del otro mundo. Nadie ha aprendido ninguno de esos prodigiosos voleos que despiertan la admiración en el mundo entero. Pero todos hemos salido bailando al piso, siguiendo el tiempo que marca la música, caminando.

Y eso es en realidad bailar el tango. Sabido eso no habrá necesidad de aprender pasos, que desvelan a los aprendices europeos o norteamericanos. Cada uno irá encontrando sus propios pasos. Cada uno irá inventando su propia coreografía improvisada. Cada uno descubrirá que aquí, en este tiempo, puede poner su pie derecho al lado del pie derecho de su compañera, detener el paso y lograr que el solo impulso, la mera inercia, saque en ella un gancho con su pierna izquierda enroscada en la propia pierna derecha y lograr, luego, que esa misma pierna pase entre medio de ambos, suavemente, insinuándose al rozar la pantorrilla del varón, hacia un nuevo paso. Pero para eso, lo único que hay que saber es bailar con la música, caminar, transmitir a la ocasional compañera la seguridad de estar pisando exactamente en el momento justo.

Eso es lo que enseña el Tete.

Y eso debe ser lo que encontró Pina Bausch cuando lo vio bailar, hace años, en el Sunderland, la legendaria milonga de Villa Urquiza.

Hoy lo encontré a Tete en Porteño y Bailarín. Lo invité a mi mesa y conversamos de esto que yo quería hablar con él desde el día que salió en los diarios que Pina Bausch había muerto.

- Yo estaba allá, en Colonia- me cuenta el Tete. – Quise ir, pero la mina que me había contratado no me dejó, aunque Wuppertal quedaba bastante cerca.

Se pone serio Tete.

- Cuando llegué a Buenos Aires, fui a mi pieza y revisé las fotos, los libros, los vídeos en donde estoy con Pina. La lloré mucho. Yo estuve durante cuatro años en su compañía enseñándole tango a ella y a todos sus bailarines. Yo siempre me pregunté porque me había elegido a mí, de todos los bailarines que encontró en Buenos Aires. Uno de sus colaboradores, Dominic, me lo contó. Me dijo que Pina le había dicho que yo tenía una orquesta en la cabeza. ¡Mirá vos! ¡Una orquesta! No es que tenga una orquesta, es que escucho la música. En realidad, es lo único que sé hacer.

Y se pone serio y melancólico Tete. Sabe, es perfectamente conciente, que su amistad con Pina Bausch, el respeto y la admiración de la alemana por su modo de bailar y de enseñar, lo vincularon, sin habérselo propuesto, a un momento de la historia de la danza occidental. Y que ese tango que había aprendido a bailar de otros hombres, haciendo de mujer hasta que estuviera en condiciones de dar los pasos del hombre, se había integrado a la corriente universal del arte contemporáneo.

- Yo bailé con ella, me cuenta, en el Theatre de la Ville de París. Era en su obra Nur Du, y había un tango. Yo le propuse otro distinto al que ella había elegido. Le dije que pusiera Pavadita, por Pugliese. Y después, dentro de la misma danza, algo de, no me acuerdo, Biaggi o Varela. Y bailé con ella en París. Nadie sabía que Pina había aprendido a bailar el tango, ni siquiera su compañía. Fue maravilloso…

Esto me cuenta el Tete, a la madrugada en Porteño y Bailarín, después que yo le dije que el día que leí en el diario que había fallecido Pina Bausch pensé en él.

- Tengo las fotos, tengo los videos, tengo todos los recuerdos. No necesito que salga en el diario que el Tete Rusconi fue el maestro de tango de la compañía de Wuppertal. ¿Para qué? Pero te juro que cuando volví a mi pieza y empecé a mirar todo eso, lloré, de verdad lloré.

Y se va el Tete a bailar un vals con una hermosa italiana de vestido verde, de pelo renegrido que se emociona con la sola invitación. Y nuevamente, como todas las noches, otra bella mujer se pierde en los giros que Teté marca con su panza, con su torso, con su pensamiento.

Buenos Aires, 17 de agosto de 2009

jueves, 23 de julio de 2009

América Latina, esa hermosa transculturación


Cultura y Alteridad
(En torno al sentido de la experiencia latinoamericana)
José Ramiro Podetti
Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A.
Caracas - 2007
Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas, 2007 de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos
El objeto de este apasionante libro es la identidad de nuestro continente, nuestra identidad latinoamericana. O mejor dicho de la contradictoria identidad latinoamericana que, en cada momento histórico, en cada intento de definición política, en cada reflexión choca con un elemento que surge de su propio interior, de su ser, la alteridad, el otro: una identidad atravesada por la conciencia de ser otra cosa distinta a los atributos que esa identidad denota.
El autor parte, para su investigación histórica, antropológica y filosófica, del célebre discurso de Simón Bolívar ante el Congreso de Angostura, en 1819. Allí, el Libertador, a punto de sentar las bases institucionales y políticas de la gran nación continental, se pregunta sobre nuestra identidad y llega a una respuesta que pone justamente un enorme interrogante identitario. Dice Bolívar: “Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos”. Y esta respuesta casi asombrada del Libertador, escribe Podetti, se convierte en la clave de la cuestión sobre la identidad, ya que la definición sobre nosotros mismos implica necesariamente una noción, un concepto del otro, una idea de la alteridad, para poder afirmar que no somos como los otros.
Para su tarea, Ramiro Podetti remonta su análisis, en el que la historia de las ideas juega un papel esencial, al momento mismo del descubrimiento, que unifica, por primera vez en la historia, un escenario humano a escala planetaria. En el pensamiento filósofico europeo, la aparición del continente americano dará origen a una reflexión que se inicia con la Relictio de Indis de Francisco de Vitoria, que pone las bases a la noción de una comunidad mundial y, por lo tanto, de un poder mundial. Considera, entonces, Podetti que los cinco siglos que van de la llegada de Colón a Guanahaní hasta hoy es “el período de transición entre las historias locales y la historia universal propiamente dicha”, y establece un paralelo entre ambos niveles históricos y la relación historia personal-historia local. “Las comunidades son a la comunidad mundial lo que los individuos son a la comunidad” dice casi aforísticamente el autor al iniciar su obra.
La idea, que Podetti desarrolla con maestría y enjundia, es que el llamado “Descubrimiento del Nuevo Mundo” no remite al hecho físico del contacto del europeo con el suelo y la humanidad americana, sino a que ese contacto hizo que, por primera vez en la historia, el ser humano descubriese el mundo en su totalidad, alcanzase una noción de universalidad de la que carecieron todas las culturas anteriores. En suma permitió “el descubrimiento del mundo”.
Con esta idea como eje de su investigación, Podetti establece paradigmas culturales clásicos, convirtiendo al viaje de Cristóbal Colon en la realización del simbólico viaje de Ulises, sobre todo en la versión que el Dante da del héroe griego. Traspasar las columnas de Hércules, salir del mare nostrum implicaba e implicó salir al encuentro del orbis alterius, de la totalidad desconocida de los otros. Los relatos de los europeos llegados a tierras americanas dan cuenta de que en sus cabezas venía la propuesta del desafío homérico, cuando el propio Colón supone que el Orinoco es uno de los cuatro ríos del Paraíso dantesco o en la convicción del jurista Antonio de León Pinelo de que el Paraíso había estado en Suramérica. Será a partir de 1492, afirma Podetti, que la experiencia del mundo no será tan sólo el conocimiento geográfico, sino “la experiencia del mundo como comunidad”. En ese sentido profundo de la llegada europea a nuestro continente Podetti encuentra la razón por la cual cientos de discípulos de Francisco de Vitoria, creador del Derecho Internacional Público, se trasladan a América y desde acá influyen en el acontecer político e intelectual de su época.
El plateamiento histórico-filosófico de “Cultura y Alteridad” recorre un camino que va desde el reconocimiento a Bernardino de Sahagún, que en México funda la Antropología con su “Historia general de las cosas de Nueva España” hasta Giambattista Vico, en quien ve el primer antecedente de un pensamiento basado en la experiencia humana o sea de la historia. Y la base material para ese desarrollo, que independiza la acción del hombre de la acción de Dios o los dioses, es, para Podetti, la aparición de América.
El tema del mestizaje americano y el impacto que las teorías etnológicas europeas tienen sobre este mundo de misturas raciales es el siguiente paso en su análisis, en el que la fórmula sarmientina de “civilización o barbarie” manifiesta, dice Podetti, que “lo que para el mundo europeo significaba un conflicto de alteridades, en el mundo latinoamericano se convertía en un conflicto de identidad”. Esto llevó a que lo que en Europa era una lucha con otros –la barbarie- en América Latina se convirtiese “en una lucha consigo mismo”. O como afirma el mexicano Leopoldo Zea: “el hispanoamericano eligió una de las formas de su ser y trató de cortar definitivamente la otra”.
Uno de los capítulos del libro está dedicado a analizar el peso que tuvo, en el pensamiento europeo sobre América y Africa, la concepción política derivada de la etnología –el racismo-, especialmente en pensadores de mucha influencia en nuestro continente como Hume, Locke, Montesquieu y Hegel, arquetipos de la modernidad europea. La siguiente cita tomada de "El Espíritu de las Leyes" es un ejemplo de ello: “aquéllos de quien se trata son negros desde los pies a la cabeza; y tienen la nariz tan achatada que es casi imposible compadecerse de ellos. No es posible aceptar la idea que Dios, un ser tan sabio, haya puesto un alma, sobre todo un alma buena, en un cuerpo todo negro… Es imposible suponer que estas genes sean hombres, puesto que si así lo supusiéramos, se comenzaría a creer que nosotros mismos no somos cristianos”. Una línea de pensar que culminará en el francés Arthur de Gobineau y su condena al entrecruzamiento racial. Estas ideas europeas conjugadas con la ideología basada en el Antiguo Testamento propia del sectarismo protestante –con su traslación ahistórica del concepto de pueblo elegido- darán como resultado el racismo anglosajón norteamericano y el colonialismo inglés con “la carga” del hombre blanco cantada por Kipling.
La parte culminante del libro de Podetti es la que, después de esta extensa introducción en la historia de las ideas, analiza la obra y evolución ideológica de cinco autores latinoamericanos emblemáticos. El uruguayo José Enrique Rodó –pionero del concepto nacional de América Latina-, el peruano Francisco García Calderón –el defensor de la idea del mestizaje-, el mexicano José Vasconcelos –con su idea de la raza cósmica de nuestro continente-, del cubano Fernando Ortiz –y su elogio a la transculturación- y, por último, del peruano Víctor Andrés Belaúnde –y su crítica al indigenismo que reduce nuestra historia a la realidad anterior a la conquista- son analizados por el autor, como antecedentes y expresiones de la potente capacidad de unificación cultural y antropológica del continente.
En estos cinco autores se dan, de distinta manera y en distintos momentos históricos, las confluencias raciales y culturales por las que el otro –la alteridad, lo distinto- se conjuga y cuestiona la propia identidad latinoamericana. El crecimiento avasallante de los EE.UU. que describe Rodó, el rechazo a la pureza racial pregonada en Francia de García Calderón, la presencia definitoria de la vertiente africana de Fernando Ortiz y la mestización cultural de Belaúnde dan como resultado lo que Podetti denomina y elogia como “transculturación”: una realidad en la que prima “la utopía antropológica de síntesis de todas las razas”, fenómeno exclusivamente latinoamericano en el que el autor ve, además, “el pricipio posible de una verdadera comunidad política universal”.
En suma, “Culura y Alteridad” es una obra cuya lectura resulta impostergable en el momento de analizar y proponer un proyecto cultural latinoamericano, propio e intransferible. Distinto al europeo en la medida en que “el otro” forma parte inescindible de la propia identidad común.
Ramiro Podetti es un porteño radicado, desde hace veinte años en Montevideo, donde realiza una importante actividad intelectual como profesor universitario. Amigo y discípulo de Alberto Methol Ferré, cuya influencia se percibe en esta obra, Podetti recibió el prestigioso premio Mariano Picón Salas al Ensayo en el 2007. El sistema cultural de la Revolución Bolivariana premió así una obra que aporta, desde una perspectiva intelectual propia y representativa de la tradición latinoamericana, al cauce de la unidad continental.
Buenos Aires, 23 de julio de 2009

jueves, 27 de noviembre de 2008

Monteiro Lobato y Hussein Obama

La agencia noticiosa norteamericana Bloomberg publicó hace unos días un
artículo presentando como una curiosidad el libro O Presidente Negro, del brasileño José Bento Monteiro Lobato, donde profetiza la elección de un afronorteamericano a la presidencia de su país. La nota fue rebotada por Clarín, con su debida traducción (ver).

El artículo, firmado en Río de Janeiro por el corresponsal de la agencia, abunda en quejas y protestas de académicos norteamericanos sobre el supuesto racismo del autor y en elogios a la visión comercial de los editores, que rescataron el libro escrito 1926 y que tuviera escasa repercusión en el público, al momento de su aparición. Pero, tanto Bloomberg como Clarín –y este último con mayor responsabilidad, ya que el autor residió en Buenos Aires entre 1945 y 1947- omiten toda referencia a este gran brasileño, uno de los más grandes creadores de literatura infantil del mundo, sólo comparable, quizás, al Mark Twain de Tom Sawyer o a la sueca Astrid Lindgren de Pippi Mediaslargas.

Recuerdo como si fuera hoy el hechizo que me produjera, hace más de cincuenta años, abrir el primer tomo de la traducción al español de O Sítio do Picopau Amarelo para internarme en las historias que Doña Benta, la anciana dueña del fundo, contaba a sus nietos, Naricita y su hermano Pedrito, el mundo mágico de la vieja aya negra Tía Natacha, creadora del Vizconde de Sabugosa, un locuaz muñeco hecho con marlo de maíz, y de Emilia, la andariega muñeca de paño lenci. A partir de ese momento, las aventuras de la pandilla del fundo del Pájaro Carpintero Amarillo en el bosque encantado, que comenzaba un poco más allá de la espaciosa vivienda, fueron mi exclusiva lectura durante aproximadamente un año. Mientras Doña Benta, una culta señora blanca, explicaba en cálidas noches paulistas, los misterios y encantos de la mitología griega, la Tía Natacha me internaba en el mundo de las creencias de los negros brasileños, su mundo de duendes y aparecidos, como el misterioso Saci-Pererê, un ser de una sola pierna, gorra en punta y un eterno cachimbo en la boca, que vive en los huecos de los árboles del bosque encantado.

Posiblemente Monteiro Lobato sea el primero, en lengua latina, en escribir una inmensa saga infantil que constituye un sistema de enseñanzas enciclopédicas que pasan por la historia, la geografía, la física, la cultura occidental, a la vez que hace conocer la transculturación, el mestizaje cultural del Brasil (ver Darcy Ribeiro o Gilberto Freyre), que no es otra cosa que parte del gran mestizaje cultural del continente. Todo ello, en un delicioso estilo capaz de hipnotizar, aún hoy, a los niños y niñas de todas partes, mezclando novelas clásicas, cine, dibujos animados y demás elementos que conforman el imaginario infantil.

Además, Monteiro Lobato fue un nacionalista, defensor del petróleo de su país y sufrió una de las habituales paradojas que suelen vivirse en esta tierra paradojal. En 1941, el general Horta Barbosa, presidente del Consejo Nacional del Petróleo, lo manda a prisión por seis meses, a raíz de las críticas que formula a la política petrolera del presidente Getulio Vargas. Seis años después, el mismo general Horta Barbosa sería quien asumiendo las mismas ideas que habían llevado a Monteiro Lobato a la cárcel, inicia la gran política nacionalista petrolera que terminaría con la creación de Petrobras.

En 1926 escribió O Presidente Negro, donde deja entrever algunas de las típicas convicciones étnicas que caracterizaban al pensamiento positivista, al cual adscribía como buen intelectual blanco brasileño de aquella época.

Con la creación de su personaje Jeca Tatu, el ignorante y embrutecido campesino del estado de Sao Paulo, denunció el atraso que el latifundio mantenía en el campo brasileño y ya, al final de su vida, se acercó al Partido Comunista de Brasil, sin llegar a afiliarse y rechazando, en su momento, el ofrecimiento de una candidatura a diputado. No obstante, fue director del Instituto Cultural Brasil-URSS, con puntos de vista políticos cercanos a los del norteamericano Henry George, expresión éste de los intereses de los productores agrarios de aquel país, cercados por la voracidad de los bancos y el estado plutocrático.

Este es nuestro compatriota brasileño que hace ochenta y dos años previó la posibilidad de un presidente negro en los EE.UU. que era asesinado el día de su asunción.

Es de desear que esta última profecía sea sólo un producto de la imaginación de don José Bento Monteiro Lobato, una leyenda más del Sítio do Picopau Amarelo.

Caracas, 27 de noviembre de 2008.





jueves, 4 de septiembre de 2008

Fragmento de Aló Presidente del domingo 31 de agosto de 2008

De ahí tomé este fragmento. Estaba esperando el resultado de la tesonera labor de Mónica Chalbaud -lo que está haciendo es un trabajo de un valor histórico incalculable, porque no creo que lo esté haciendo nadie más y debería hacer un back up y hasta imprimir estas transcripciones que formarán parte del Archivo nacional- para volver a vivir este momento singular.
No creo que haya presidente en el mundo capaz de tener en su discurso un fragmento como éste. Ahí está para que lo aprecien. Si lo firmase García Márquez nos admiraríamos de su enorme creatividad y talento. Y, amigos, no es literatura. Es arte retórico, el más fugaz de todos junto con la danza. Y un notable torrente memorioso que transmitió y mostró a todos los que estábamos viendo al presidente treinta años de historia venezolana.
No dejo de admirarme.
Como en las novelas o en el cine o el teatro, empieza con un recuerdo y con una reflexión sobre por qué ese recuerdo y no otro. Y así se interna en un monólogo memorable. Pero dejaré de contarlo para permitir que lo lean.

JFB

(De la transcripción realizada por Mónica Chalbaud)

Se me ocurrió recordar a Maisanta! ¿Por qué surgió…?
Hace cien años… el abuelo de mi madre llegó a Sabaneta. Cargaba este escapulario… Este tiene como 150 años, aproximadamente… Era de Pedro Pérez Delgado… y antes de Pedro Pérez Pérez, ¡que era un indio!
¡Vean! Apenas se ve… una cruz de espadas. Es cosido a mano. Y el escudo de la Virgen del Socorro.
¿Quién fue Pedro Pérez Pérez? Yo estuve recorriendo, preguntando… ¡Yo tenia 50 casettes de cuentos de aquellos viejos! De comienzos del siglo pasado… Yo, hace treinta años… Pedro Pérez Pérez era un indio guariqueño. Se fue a la guerra Pedro Pérez Delgado… ¡detrás de Zamora!
¿Y Zamora por qué se fue a la Guerra? Consecuencia del fracaso del Programa de Bolivar… ¡En 1860 matan a Zamora! Y Pedro Pérez Pérez se fue a Ospino. Y se casó con Josefa Delgado, y tuvieron dos hijos, Petra y Pedro Pérez Delgado.
Pedro Perez Delgado fue como Emiliano Zapata…¡Machete en mano… ! ¡Viva la Patria!
Tu abuelo, mamá! El padre de Pedro Infante. Catire pelo amarillo.
Mi madre es blanca! Le decían cuando joven la Americana.
Me lo contaba Chucho Navas…Y tío Julián…
Yo tenia esa cinta… grabada. Tío Julián me contó en Sabaneta… testigo fue Miguelito González… Hablaban de los perros de Maisanta… Y de su caballo negro… ¡Bala!
Él vivía en La Marqueseña… ¡Era hombre de Cipriano Castro!
Uno oía de niño… de un guerrillero… ¡de un abuelo malo! Y mucho después yo descubrí que no era un bicho malo.
Por Cipriano Castro… en 1899 fue ascendido a Coronel. Maisanta en Sabaneta. Habia un Coronel Macías, de Ospino… Maisanta, carajito de 15 años, ¡le metió 4 tiros! Por empreñar a su hermana…
En 1896, se alzó el General José Manuel… El Mocho… Hernández! Le decían El Mocho por faltarle dos dedos, que perdió en una batalla… Es Venezuela buscando camino… El Mocho ganó las elecciones. Y lo metieron preso… ¡Se salió y armó un Ejército…! Y armó la Revolución de Queipa. Y allí Maisanta… se metió en las carreteras… 1898… Allí comenzó con Julio Arrache…
Todo esto por aquí era montaña con tigres, y jaguares…
Yo me fui consiguiendo con el fuego… Conciencia de lo que llevo en la sangre… Y yo, con un fusil. ¡Es para defender al pueblo!
Cuando Cipriano Castro, gran caudillo liberal, en 1897… Se alza el Mocho Hernández… Maisanta se va a la guerra. Luis Loreto Lima… ¡lo llaman La Lanza Libre! ¡Luis Loreto Lima se fue a la guerra con 25 hijos a caballo! Se unieron al Mocho, contra Joaquín Crespo, traidor.
Y Falcón… Ellos pelearon junto a Zamora en la batalla de Santa Inés. Y luego… 1860… matan a Zamora. Y los que eran los compañeros de Zamora… entregan la Revolución… pactando con la burguesía.
Por eso, yo digo… ¡No hay pacto con la burguesía! ¡No! Y te lo digo Adán… ya hubo mucho pacto aquí. Detrás de cada pacto… ¡100 traiciones! ¡Nuestro pacto es con el pueblo! ¡Con la mayoría del país!
Joaquín Crespo es el Presidente… por 5 años…¡Se vuelve rico!
Guzmán Blanco… lo mismo… ¡rico!
Páez… traicionó a su gente… ¡Rico!
¡Bolívar! Al contrario… murió pobre… ¡pata en el suelo!
Así… ¡con Bolívar! Y no como Páez… Ni como Joaquín Crespo. Ni como Guzmán Blanco… ¡Ricos! ¡Y en Miraflores!
Al Palacio de Miraflores se le mete el agua…Hay que estar recogiendo agua… Como en la casa de mi abuela Rosa Inés… se metía el agua por todos lados…
En esa colina… le mandó a hacer el palacio de Miraflores… Misia Jacinta… la Primera Dama, la esposa de Joaquín Crespo…
Le robaron al Mocho Hernandez sus elecciones… E Ignacio Andrade fue impuesto. Joaquín Crespo quedó de Jefe del Ejercito… Y hubo una batalla y en los primeros tiros cayó muerto Joaquín. Él iba en una mula. Se bajó de la mula y se estaba montando en el caballo blanco… y cayó muerto de un tiro… el Jefe del Ejército, y ex presidente.
Surgen caudillitos… Y es cuando vienen… ¡como 4 Guerras! ¡Venezuela era un maremagnun.…! Y surgen, entonces, Cipriano Castro y Gómez.
Castro es el líder …y Gómez el hombre del dinero. Y se unió a ellos Pedro Pérez Delgado… estamos en 1899.
A los pocos meses, Castro envía a Pedro Pérez Delgado a Sabaneta. Como Jefe Civil y militar de toda esta zona. Pedro Pérez Delgado se arrejuntó con tu abuela…Y ya en 1903… nacía Rafael.
Por eso yo soy Rafael… por mi abuelo… Pedro se llamaba Pedro Rafael. Tienen dos hijos, Pedro Infante y Rafael Infante… No les dio el apellido. Les escribía: ¡Firmen Pérez! Pero ellos se quedaron Infante.
1904… 1906… 1907… Y la oligarquía contra Cipriano Castro…
1908… ¡ Rompen relaciones Caracas y Washington. Se enferma Castro en 1908… ¡De esto hacen 100 años! Castro se fue a operarse… ¡Y los yankis se adueñaron del petroleo!
En Sabaneta hubo una reunión… de Pedro Pérez Delgado… con el italiano Maurielo… A Maurielo lo matan macheteado.
Vino alguien a avisarle a Pedro Pérez Delgado… Y salen … ¡40 de a caballo! ¡Y con machetes! Emboscó a Colmenares, que era de Gómez… a pelea de machetes… Se disfrazó con taparas de miel… ¡Y más nunca volvió a Sabaneta…! Cogió hacia Apure… y comenzó la leyenda… ¡20 años!
Cayó preso… Y con 50 años muere envenenado en el Castillo de Puerto Cabello.
Hay recuerdos de quienes estaban con él presos… Parece que apareció tambaleante… Se saca el escapulario y lo tira contra la pared… y exclama: ¡Maisanta! Pudo más Gómez!
¡Pudo más el Imperio…!
Y aquí la misma sangre… ¡Y el mismo camino!
Yo cuento esto… para mis amigos… para mí mismo… ¡y para los yankies!
¡Conciencia y fuego! Y mientras viva este fuego… ¡estaré al servicio de la Independencia de Venezuela! Ya basta de derrotas, compatriotas!
¡Llegó la hora definitiva de la gran Victoria!
No podemos optar entre vencer o morir…
¡Nosotros triunfaremos!
Terminé mi Historia. ¨
¡Esto es el llano!
No estaba en el guión…
Yo se lo dije a mi esposa Nancy… Faltaban días para el 4 de febrero… ¡Vine a despedirme…! Abracé a mis amigos… como despidiéndome. Le dije a Nancy Colmenares… Si me llega a pasar algo… ¡A mí que me entierren en esta sabana!