miércoles, 3 de marzo de 2021

Guadalupe cumple 50 años

 
En el mes de noviembre del año 1969, estos dos jóvenes se casaron en la Basílica del Sagrado Corazón, en la avenida Vélez Sarsfield, en pleno Barracas. Él tenía 22 años y ella 23. Ella era una hermosa muchacha de pelo negro y ensortijado, trabajaba como maestra en una escuela de Avellaneda y estudiaba sociología. El estudiaba Derecho y venía con su “barullo de sueños delirantes, en un mundo engañador”. Pero ella, contradiciendo a García Jiménez, no venía con un “arrullo de sedas palpitantes” sino que traía la firme decisión de enfrentar la vida en común con la voluntad de hacer de este mundo algo digno de ser vivido. El vestido de novia corto, aunque lleno de encajes y perlitas, expresaba, en esos años, una rebeldía de la que no abjuró nunca.

En pocos meses, la hermosa novia quedó embarazada. En un pequeño departamento en el barrio La Mosca, a media cuadra de la avenida Galicia, en Avellaneda, vivieron un hermoso romance de noches tórridas y días de discusión y combate.

El embarazo era algo que la muchacha había deseado. Había en su historia familiar el fantasma de la esterilidad, de la imposibilidad de ser, como ella temía, una mujer completa. Fue un dulce y amoroso embarazo. Él llegaba, de sus combates cotidianos, con sus poemas y sus manifiestos, y ella, dulcemente, lo acompañaba, le daba fuerzas y orgullo de sentirse amado por la mujer más bella, que había aceptado ser su compañera.

La panza crecía y en su seno se estaba formando una pequeña mujer, una niña. Entre los dos decidieron que se llamaría María Guadalupe, porque el nombre era bello y eufónico y porque así se llamaba la muchacha de Chuquisaca que había esperado en vano que su hombre, Mariano Moreno, volviera de ese viaje fatal que lo sepultó en el Atlántico.

El 3 marzo de 1971, muy temprano, tomaron un taxi al Instituto del Diagnóstico, donde sería el parto. Los dolores y las contracciones habían empezado en la madrugada y todo indicaba que había llegado el momento. Para ella era un prueba de fuego. Para él, una situación en la que poco y nada podía hacer.

Llegaron a la clínica y la parturienta marchó en una camilla a la sala de partos. Él se quedó solo, esperando. Desde la sala de espera podía oír gritos desgarradores de la primeriza muchacha. Había descontrol, miedo e incertidumbre en esos gritos.

Después de una larga hora de espera llegó la noticia que alejaba el miedo, había nacido Guadalupe.

De esas horas han pasado 50 años. Y María Guadalupe, mi hija y la hija de Isabel, es una maravillosa mujer, una insuperable artista plástica y una amiga y confidente que la vida me ha dado para siempre.

Hoy celebro la vida de esta mujer, fuerte, dulce y creativa, y brindo por el amor que alguna vez tuvimos de modo inolvidable con María Isabel, su madre, que no nos acompaña porque la vida, amigos, suele ser bastante injusta y se fue tan llena de ilusiones y voluntad de combate como cuando nos conocimos a los veinte años.

Feliz cumpleaños, Guadalupe. La vida ha sido generosa conmigo.


3 de marzo de 2021.

1 comentario:

  1. Te entiendo completamente Julio. Yo tuve la misma emociòn con cada uno de mis hijos. Y tengo el mismo agradecimiento con la vida.

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