El hecho es que el recuerdo de la historia de Irán a lo largo del siglo XX que publiqué recientemente, llevó a que en mi cabeza, como si fuera una pantalla cinematográfica, se desarrollase esta pequeña y graciosa historia.
En 1971, en la Argentina, el autócrata Alejandro Agustín Lanusse, había iniciado una apertura política, ante el deterioro político de la dictadura militar después del alzamiento popular del 29 de mayo de 1969, en Córdoba, el conocido Cordobazo. Los partidos políticos habían comenzado a salir de sus catacumbas y sus figurones comenzaban a aparecer más seguido en los noticieros de los canales de televisión. En ese momento, Oscar Alende era presidente de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), que era el nombre de la fracción de la UCR que junto con Arturo Frondizi, dividió el partido. Allí nacieron la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), conducida por Ricardo Balbín, y la UCRI de Frondizi. Alende había heredado el sello partidario al alejarse Frondizi junto con el grupo desarrollista frigerista que fundó el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).
Alende era un personaje típicamente radical. Ampuloso, engolado, muy bolaceador y de retórica grandilocuente y eufónica. Recuerdo también que Jorge Abelardo Ramos, genial asignador de motes a amigos y enemigos, nunca lo llamó por su nombre sino que, al referirse a Oscar Alende, lo mencionaba como “Fidel Pintos”. Mis lectores más veteranos entenderán la razón.
César Mascetti era en 1971, junto con Sergio Villarroel, el periodista estrella de Canal 13. En su noticiero presentó a Oscar Alende, quien acababa de regresar de Irán, donde había estado como invitado al 2500 aniversario del Imperio Persa. Así comenzó la conversación:
– Dr., acaba de volver de Irán. Cuéntenos sus impresiones.
– Efectivamente, respondió Alende. – Fuimos personalmente invitados por el Sha, junto con todos los presidentes de partidos políticos del mundo.
Mascetti se dio cuenta de la hipérbole, típica de El Bisonte, como se lo conocía a Alende, y volvió a preguntar:
– ¿Y cómo fue la recepción?
– Bueno, carraspeó Alende. – Nuestra visita salió en todos los diarios. No traje para mostrarle porque, bueno, ud. sabe que en Irán escriben al revés.
Mascetti se sorprendió.
– ¿Al revés?, ¿en qué sentido?
– Al revés que nosotros, de derecha a izquierda, – explicó el estadista, mientras movía la mano de derecha a izquierda.
Una sonrisa se insinuó en el periodista y volvió a preguntar:
– ¿Y cuántos fueron los invitados?
No dudó el doctor Alende en contestar:
– Y, éramos como 6.000 o 7.000 que fuimos invitados por el sha.
Y como para cambiar un poco la conversación, Alende le cuenta al periodista:
– Y al regresar sobrevolamos la isla de Chipre. Entonces me dirigí a la cabina del avión y solicité a los pilotos que, por radio, enviaran de mi parte un gran saludo solidario al arzobispo Makarios.
En ese momento y desde la década del 50, el arzobispo grecochipriota Makarios era el jefe del movimiento que pugnaba por la independencia de la isla del Imperio Británico, del cual era una simple colonia y centro de sus operaciones en Asia Occidental. Makarios, en representación de los chipriotas, pretendía que Chipre se integrase a Grecia, país al cual histórica y culturalmente pertenecía.
Mascetti se sorprendió del giro de la conversación y le volvió a preguntar a Alende
– ¿El arzobispo Makarios es amigo suyo?
Tampoco aquí hubo duda en la respuesta de Alende. Suspiró y espetó:
– Yo podría decir que soy su amigo.
Mascetti nunca le pudo preguntar a Makarios si era amigo de Oscar Alende. Fidel Pintos no lo hubiera hecho mejor.
2 de marzo de 2026.

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